domingo, 1 de enero de 2012

Velásquez, con 95 años presenció la transición de la Venezuela rural y agropecuaria a la urbana y petrolera


Ramón J. Velásquez (Colón, Táchira, 1916) ha tenido la rara virtud de ser esclarecido historiador y protagonista de la Historia de Venezuela. Abogado, periodista y hombre de Estado, el hijo del también periodista Ramón Velásquez y la educadora Regina Mujica creció en un hogar donde la cultura, la ética y la fe cristiana eran los valores cardinales. 


Velásquez ha presenciado la transición de la Venezuela rural y agropecuaria a la Venezuela urbana y petrolera, devenida en sociedad rentística. Desde joven quebró lanzas por la democracia y sufrió cautiverio durante la dictadura de Pérez Jiménez. Fue coeditor del Libro Negro, donde narra las violaciones a los derechos humanos del régimen. 


Fue pionero de la descentralización y al frente de la Comisión para la Reforma del Estado (1986), presentó la más completa reforma de las instituciones democráticas desde el Programa de Febrero del presidente López Contreras (1936). La elección directa de gobernadores es hija de aquella propuesta. 


Como Presidente de la República (1993), creó el Fondo de Descentralización (FIDES) y promulgó las leyes del Banco Central de Venezuela y de Impuesto al Valor Agregado, instrumentos clave para la modernización fiscal y financiera de la nación. 


    Más intelectual que político, su vasta obra histórica incluye títulos indispensables como La caída del liberalismo amarillo y Confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez. La edición del Archivo Histórico de Miraflores y Pensamiento político venezolano del siglo XIX y del XX, son aportes esenciales a la historiografía nacional.
      En sus lúcidos 95 años Ramón J. Velásquez confía en el progreso democrático de Venezuela de la mano de sus nuevas generaciones.
Luis Xavier Grisanti
El Universal
Viernes 30/12/2011 












Como Presidente de la República, Velásquez dispuso la cesión de comodato al Museo del Transporte de algunos automóviles de uso presidencial que estaban en el garaje de Miraflores listos para entregarlos a compradores de chatarra. Así los salvó hasta ahora para la historia como él mismo logró durante décadas ocuparse de proteger y difundir tantos documentos esenciales para conocer nuestro pasado

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