miércoles, 5 de octubre de 2016

El accidentado viaje del monumento a Bolívar llevado de Puerto Cabello a Trujillo por Rodolfo Gerbes

Con bajas calificaciones, en 1929 asume la gobernación del estado Lara don Eustoquio Gómez. Barquisimeto no pasaba de ser una pueblerina ciudad apenas adelantada por la llegada en 1891 del ferrocarril Bolívar que enlazaba parte de la región centro-occidental de Venezuela.
El primo de Juan Vicente Gómez pavimenta algunas calles –decían- “para que transitara su Lincoln negro de lujo, llamado socarronamente la urna”. Varias obras públicas formaron parte de su gestión la cual incluyó la erección del pedestal donde colocan con motivo del centenario (1830-1930), una de las estatuas del Libertador traídas de Europa por intermediación de la Marmolería Roversi.
Eustoquio tomó en cuenta lo vistosa que era otra hermosa y grandiosa escultura del Libertador sobre su caballo, desembarcada en Puerto Cabello y que ya estaba camino de su destino prefijado, el estado Trujillo, empeñándose en desviarla para ser él quien dispusiera la colocación en la nueva plaza Bolívar que mandó a construir. El propósito era lucirla a partir del 17 de diciembre de 1930.
En la evocación (24/9/2016) que Rodolfo Izaguirre hizo de su tío Rodolfo Gerbes en la Biblioteca Francisco Herrera Luque como parte del programa de exaltación de valores de la civilidad venezolana del siglo XX, al ofrecer precisiones acerca de Gerbes, el notable intelectual, escritor y poeta cofundador del grupo Sardio y exdirector de la Cinemateca Nacional, mencionó aquel caballero había nacido en Alemania en 1903 y siento muy joven se embarca con destino a América. El vapor se accidentó durante la travesía trasatlántica. Llegó primero a Paramaribo, capital de la Guayana holandesa, en donde Gerbes opta por venir a Venezuela. Aquí contrajo nupcias. 
A aquel joven alemán lo hizo famoso debido a que con sus conocimientos y destrezas manuales logra recuperar una dañada locomotora del ferrocarril de Carenero. La tarea la asumió hasta lograr el objetivo de ponerla de nuevo a rodar para lo cual la alternativa consistió en desarmarla y volver a ensamblar pieza por pieza. Tal vez fue una de las locomotoras de dos ejes fabricada en 1890 por Telliers de Tubize Bélgica, de las cuales un par forma parte de la colección ferroviaria expuesta en el Museo del Transporte Guillermo José Schael, en Caracas.
Pero la realización más notable de Rodolfo Gerbes no fue devolverle una locomotora perfectamente operativa al tren que cruzaba Barlovento. Fue asumir como propia la organización y logística del traslado entre Puerto Cabello y la capital del estado Trujillo, de la estatua ecuestre de Simón Bolívar adquirida en Italia para instarla en la plaza Bolívar de Trujillo. Es eso lo que lo inscribe en la lista de la gente ejemplo de los héroes que luchan hasta dominar lo adverso y generar el avance de la civilidad sembrada a lo largo del siglo XX venezolano a pesar de tantísimos dislates y enfrentamientos dolorosos pero fructíferos contra la barbarie, la ignorancia, la ausencia de cultura, el despotismo,… 
Narró Izaguirre, fundamentado en experiencias personales, textos y fotografías que colectan detalles de aquella proeza que Gerbes, su tío pues estuvo casado con una hermana de doña Tula Tosta, su mamá, que además de la peonada reclutada a partir del desembarco en el muelle de la copia de la estatua ecuestre del Libertador realizada por Adamo Tadolini, fundida por Vittorio de Leda, en Viareggio, Italia, valiéndose de dos camioncitos marca Federal, emprendió el recorrido que sólo para completar el tramo hasta San Felipe, consumió tres semanas recorriendo caminos que antes sólo los transitaban recuas pues carreteras como tales eran inexistentes no obstante la apertura en 1925 de tramos de la Trasandina, la cual de macadam era sólo entre Caracas y Taborda, localidad donde para los viajeros por vía terrestre, se dividía el país –dijo Rodolfo Izaguirre- en: Venezuela y el infierno.
Con el transcurrir de los días y semanas, antes de entrar la caravana de hombres que acompañaban la carga más los enseres dispuestos sobre las bateas de ambos camioncitos Federal, en una de las cuales viajaba la estatua envuelta en guacales, al gobernador o Presidente del Estado Trujillo (entre 1928 y1930), general Emilio Vivas, le llega el cuento de que Eustoquio Gómez desea le dejen en Barquisimeto la escultura para él adornar su plaza Bolívar.
Vivas -contó Izaguirre- se fue a Maracay para solicitar consejos y órdenes a Juan Vicente Gómez quien socarronamente le devuelve la pelota preguntándole: “¿Y qué haría usted?”. Lo que mande –respondió Vivas sin pestañear. La orden de Gómez no era otra que la escultura seleccionada para el estado Trujillo debían erigirla en Trujilllo. De nada valió el antojo que había despertado en el primo Eustoquio la monumentalidad de la pieza recién llegada de Europa, de transito por el estado Lara.
Gerbes prosiguió con su plan no sin dificultades y grandes inconvenientes, bajo las condiciones calamitosas desde cualquier punto de vista, a lo largo del camino, hasta llegar a la meta. Nada adverso varía mientras avanza la tarea por los parajes primitivos sembrados de enfermedades, pasos de ríos y quebradas crecidas, pueblos ocupados por miseria humana,… Era lo propio de la geografía yaracuyana y larense que se extendía al entrar al territorio de Trujillo y llegar a la capital del estado en donde ante los ojos complacientes del gobernador Vivas, su tren ejecutivo y la gente, el ingeniero Gerbes asume con inteligencia cómo desplazar la pieza desde el camión hasta ubicarla sobre el pedestal. Debía vencer la pendiente en ángulo inclinado. El ingeniero improvisa con vigas de hierro, maderas y mecates el medio adecuado para rodar la pesada escultura hasta el lugar exacto donde quedó finalmente asentada.
Las anotaciones acerca del viaje refieren que en donde existían puentes, Gerbes tenía que desmontar las vigas de la parte superior de la estructura metálica de los mismos para que pudiera cruzarlo el camión cargado con la estatua ecuestre. Completado el pase del viaducto, re-ensamblar las partes desmontadas sólo para que cupiera el camión sobre cuya plataforma viajaba la pieza de cuatro metros de altura.
Justo el día en que culmina la instalación del monumento ecuestre, llega al pie del mismo un hombre que con prisa le trae a su tío Rodolfo Gerbes un telegrama que trae la infausta noticia de que acaba de morir su esposa, la tía de Rodolfo Izaguirre. La señora Gerbes estaba en Puerto Cabello, donde semanas atrás su esposo tuvo que dejarla pues aguardaba el alumbramiento de un bebé que queda huérfano de madre al perderla a consecuencia de tuberculosis.
Transcurren otros pocos días antes que Trujillo celebrara la inauguración, como en otras ciudades del país, de la estatua decretada en honor al Libertador Bolívar. 
Cinco años más tarde (1935), en esa misma fecha conmemorativa del centenario del fallecimiento de Simón Bolívar en Santa Marta, Colombia, en Maracay deja de existir Juan Vicente Gómez. Se extinguía la más larga dictadura hasta entonces soportada por Venezuela y, como Rodolfo Izaguirre lo repitió al parafrasear a don Mariano Picón Salas, Venezuela ingresa al siglo XX. 
El monumento ecuestre dedicado al Libertador a quien muestra montado en un caballo encabritado que se sostiene sobre sus patas traseras, situado en la plaza Bolívar de Trujillo (capital del estado del mismo nombre en Los Andes venezolanos), es idéntico al erigido en Lima, Perú, en 1857, primer homenaje de ese tipo en América. Al ser copia exacta de aquel, resulta el de mayor envergadura (cuatro metros de altura) de cuantos tenemos en Venezuela y honran a Simón Bolívar en el resto del mundo.

El Bolívar de la plaza del mismo nombre en Trujillo, Venezuela.
La estatua ecuestre sobre el camión marca Federal que formaba parte de la caravana organizada y encabezada por el ingeniero Rodolfo Gerbes. Fotografía colección R. Izaguirre.
Aviso publicado en la revista Élite. Caracas. Col. FMT.
Camión Federal del año 1925. Era de las marcas representadas en el parque automotor venezolano de los años 20 y 30 del siglo XX. Col. FMT. 

Rodolfo Izaguirre durante su conversación ante el público interesado en conocer figuras de la civilidad en la Venezuela del siglo XX.

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